La frase es vieja, casi de pasillo político. Pero en el caso de Massa sirve para describir una característica bastante concreta de su carrera: rara vez cerró por completo la puerta a una negociación. Su recorrido lo llevó del kirchnerismo al Frente Renovador, de una alianza con Margarita Stolbizer a un acuerdo con Cristina Kirchner y, finalmente, a encabezar la fórmula presidencial del peronismo en 2023.
Hay una imagen que durante años acompañó a Sergio Massa: la del dirigente que siempre está hablando con alguien.
No necesariamente en público. Muchas veces en privado, por teléfono, en una reunión, en una cena o en alguna de esas conversaciones que forman parte de la política pero que no siempre llegan a los titulares.

De ahí viene, en buena medida, aquello de que “fuma abajo del agua”.
No porque tenga alguna capacidad extraordinaria ni porque todos sus movimientos hayan terminado bien. La expresión apunta a otra cosa: a esa capacidad para moverse en escenarios complicados, conservar contactos y encontrar una salida cuando otros dirigentes quedan encerrados en una posición.
Su historia política ofrece varios ejemplos.
Massa llegó a la Jefatura de Gabinete de Cristina Kirchner en 2008. Poco después se alejó del Gobierno y en 2013 rompió definitivamente con el kirchnerismo para competir con el Frente Renovador. Ese año ganó las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires.
A partir de ahí construyó su propio espacio.
En 2015 fue candidato presidencial y terminó tercero, con el 21,39% de los votos. Dos años después volvió a intentar una alternativa por fuera de los dos grandes polos de la política de entonces y armó 1País junto a Margarita Stolbizer, una dirigente que venía de una tradición política muy distinta. La alianza obtuvo el 11,32% en las legislativas bonaerenses.

Hasta ahí, Massa parecía decidido a ocupar ese lugar intermedio que él mismo había bautizado como “la ancha avenida del medio”.
Pero la política argentina cambió.
Y Massa cambió con ella.
En 2019 volvió a acercarse al kirchnerismo. El Frente Renovador se incorporó al espacio que terminaría llamándose Frente de Todos y Massa encabezó la lista de diputados nacionales de la provincia de Buenos Aires. Después de la elección asumió como presidente de la Cámara de Diputados.
Ese movimiento es probablemente uno de los mejores ejemplos para entender su forma de hacer política.
Porque no se trataba simplemente de pasar de un partido a otro. Massa había construido durante años su identidad enfrentando al kirchnerismo. Había competido contra Cristina Kirchner y había hecho de esa confrontación una parte importante de su discurso.
Y terminó sentado en la misma mesa.
En 2022 ocurrió algo todavía más significativo: en medio de la crisis del Gobierno de Alberto Fernández, Massa dejó la presidencia de Diputados y asumió como ministro de Economía, con una cartera que también concentraba Producción y Agricultura.

Para entonces, aquel dirigente que había construido su carrera hablando de una alternativa al kirchnerismo estaba nuevamente dentro de una estructura política compartida con Cristina Kirchner y Alberto Fernández.
Ahí es donde la metáfora empieza a tener sentido.
Más que un negociador
Decir que Massa es un gran negociador es casi una obviedad. Lo interesante es mirar con quiénes logró sentarse a negociar a lo largo de los años.
Peronistas, radicales, dirigentes del PRO, sectores sindicales, gobernadores, empresarios y referentes que en distintos momentos estuvieron enfrentados.
No todos esos acuerdos fueron exitosos. Tampoco todos duraron.
Pero hay una constante: Massa suele intentar mantener abierto el canal de comunicación.
Incluso cuando la relación política parece terminada.
Eso puede verse también en su paso por la Cámara de Diputados. Durante su presidencia consiguió construir vínculos con dirigentes de espacios diferentes y mantener una posición central dentro de una coalición que reunía sectores con intereses y recorridos bastante distintos.
Y hay otro dato que ayuda a entenderlo: en 2023, después de meses de internas dentro del oficialismo, Massa terminó siendo el candidato presidencial de Unión por la Patria.
No llegó allí desde una trayectoria lineal.
Llegó después de haber atravesado prácticamente todas las posiciones posibles dentro del peronismo reciente.
El celular, la otra parte de la historia
La vieja nota de LA NACION de 2019 sobre Massa contaba algo mucho más pequeño, pero bastante ilustrativo: su costumbre de estar permanentemente conectado al teléfono.
Según aquella crónica, políticos, empresarios, periodistas y consultores que se reunían con él conocían esa característica. Incluso José Manuel de la Sota le había reclamado en más de una oportunidad que dejara el teléfono durante las conversaciones.
La nota llevaba la metáfora al extremo y hablaba, con humor, de un Massa capaz de seguir conectado incluso dentro del agua.
Más allá de la anécdota, la imagen terminó funcionando.
Massa es un dirigente que necesita estar comunicado.
Y eso, llevado a la política, tiene una consecuencia evidente: quien habla con muchos sectores tiene más posibilidades de enterarse antes de qué está pasando en cada uno de ellos.
Puede ser una ventaja.
También puede convertirse en una característica difícil de manejar. La política de acuerdos obliga muchas veces a convivir con contradicciones, a resignar posiciones y a explicar por qué hoy se conversa con alguien que ayer era adversario.
Massa ha tenido que hacerlo varias veces.
¿Por qué “fuma abajo del agua”?
La frase no demuestra que Massa sea invencible electoralmente. Los resultados de su carrera muestran justamente lo contrario: tuvo triunfos importantes y también derrotas.
Tampoco permite afirmar que detrás de cada movimiento suyo exista necesariamente un acuerdo secreto.
Lo que sí permite observar su trayectoria es una forma de construir poder político basada en el contacto, la negociación y la posibilidad de tender puentes entre sectores diferentes.
En 2013 enfrentó al kirchnerismo.
En 2015 buscó una tercera vía.
En 2017 se alió con Stolbizer.
En 2019 volvió al espacio que había enfrentado.
En 2022 terminó conduciendo una de las áreas más importantes del Gobierno.
Y en 2023 fue candidato presidencial de ese mismo espacio.
Ese recorrido explica mejor la metáfora que cualquier adjetivo.
Massa no necesita que todos estén de acuerdo con él. Su fortaleza política, al menos según muestra su trayectoria, estuvo muchas veces en conseguir que sectores que no estaban de acuerdo entre sí pudieran sentarse en la misma mesa.
Por eso lo de “fumar abajo del agua” funciona.
No como una definición literal ni como una valoración.
Como una postal de un dirigente que, en una política argentina acostumbrada a romper puentes, hizo de los puentes una parte central de su carrera.

