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ANÁLISIS POLÍTICO | PARTIDO DE LA COSTA | Por Guillermo Apdepnur

Con Yamila Cóppola al frente del comité, con Roció Tedesco Presidenta de la JR de Bs. As. y dirigentes como Dani López, Juan Carlos De Conti y Leandro Alonso dentro de la estructura partidaria, el radicalismo costero consiguió ordenar su conducción. Ahora tiene por delante una tarea bastante más compleja: transformar esa unidad en una propuesta capaz de disputar el gobierno municipal.

Hay un número que puede parecer lejano: 388 días.

Es el tiempo que, tomando como referencia el 24 de octubre de 2027, separa a la política del Partido de La Costa de las próximas elecciones generales.

Parece mucho. En términos de una campaña legislativa, quizás lo sea.

Pero si el objetivo es disputar una intendencia, el panorama cambia. Hay que construir una candidatura, un equipo, una propuesta de gobierno, recorrer las localidades y conseguir que todo eso llegue a los vecinos de una manera clara. Y para hacer ese trabajo, 388 días no son tantos.

Ese es, probablemente, uno de los primeros datos que debería mirar hoy la Unión Cívica Radical del Partido de La Costa.

El comité consiguió algo que no era menor

En mayo, el radicalismo local logró conformar una lista de unidad para renovar las autoridades del comité. Yamila Cóppola quedó al frente y alrededor de esa conducción se integraron dirigentes de distintas etapas y sectores del partido.

Dani López, Juan Carlos De Conti, Leandro Alonso, Gonzalo Barraza, Leandro Passarelli y otros dirigentes forman parte de esa construcción. También aparece una generación más joven que busca ganar espacio dentro de la estructura partidaria.

No es un dato menor.

El radicalismo consiguió evitar, al menos en esta instancia, que la discusión por la conducción terminara en una interna. Pero ahora empieza una etapa diferente.

Porque ponerse de acuerdo para conducir el partido no es exactamente lo mismo que ponerse de acuerdo para intentar gobernar el municipio.

Y ahí seguramente aparecerán las diferencias.

Los nombres van a estar sobre la mesa

Dani López tiene experiencia partidaria, legislativa y electoral. Ya fue candidato a intendente y conoce lo que significa llevar adelante una campaña municipal.

Cóppola, además de conducir el comité, tiene presencia en el Concejo Deliberante. De Conti aporta su experiencia dentro del espacio y Alonso ha planteado públicamente la necesidad de que el radicalismo conserve una identidad propia y llegue a la discusión electoral con una propuesta propia.

Son dirigentes diferentes, con recorridos diferentes.

Eso no necesariamente es un problema.

El problema aparecería si las diferencias personales o sectoriales terminan ocupando todo el espacio de discusión.

Porque en algún momento habrá que resolver quién encabeza, cómo se define la candidatura, qué lugar tendrá cada sector y, eventualmente, qué relación tendrá la UCR con otros espacios que también pretendan disputar el municipio.

Todavía no hay una respuesta definitiva para esas preguntas.

Y quizás sea mejor que todavía no la haya.

Primero debería aparecer otra discusión.

¿Qué quiere hacer la UCR si llega a gobernar?

Esta es, posiblemente, la pregunta más importante.

Durante una campaña es relativamente sencillo explicar qué cosas no funcionan. La oposición tiene el derecho y también la responsabilidad de marcar los errores del gobierno de turno.

Y el radicalismo lo está haciendo desde el Concejo Deliberante, con cuestionamientos al funcionamiento institucional y con proyectos sobre temas que considera centrales para el distrito.

Eso forma parte del juego democrático.

Pero hay una diferencia entre ser una oposición activa y convertirse en una alternativa de gobierno.

Cuestionar al oficialismo no alcanza para ganar una intendencia.

Un vecino puede saber perfectamente que determinados servicios no funcionan como deberían, que hay problemas de seguridad, que existen reclamos pendientes o que determinadas decisiones del gobierno municipal generan cuestionamientos.

Puede incluso coincidir con la oposición.

Pero después aparece la pregunta más difícil: ¿y ustedes qué harían?

Ahí empieza otra campaña.

La alternativa tiene que mostrar algo más

La UCR necesitará, en algún momento, salir de la lógica de la respuesta permanente al oficialismo y empezar a mostrar una agenda propia.

No solamente decir qué está mal, sino explicar cómo lo cambiaría.

No solamente hablar de seguridad, sino explicar qué plan tiene.

No solamente cuestionar determinadas obras o servicios, sino establecer cuáles serían las prioridades de una eventual gestión.

No solamente presentar candidatos, sino mostrar quiénes los acompañarían y con qué equipos.

Eso lleva tiempo.

Y requiere trabajo territorial.

La política municipal se construye también caminando las localidades, escuchando a comerciantes, instituciones, trabajadores, vecinos y sectores productivos. La Costa no es solamente el Concejo Deliberante ni el comité de la calle que sea. Son muchas localidades, realidades distintas y problemas que no siempre son los mismos.

Ahí estará buena parte de la tarea.

388 días pueden pasar rápido

Hay otro aspecto que quizás sea más difícil de resolver que una candidatura.

Las aspiraciones personales.

En cualquier partido hay dirigentes que sienten que tienen condiciones para encabezar. Es lógico. También hay sectores que consideran que su espacio debería tener mayor protagonismo.

El problema aparece cuando esas aspiraciones terminan siendo más importantes que el objetivo que se pretende alcanzar.

Si el radicalismo quiere llegar a 2027 con una propuesta realmente competitiva, en algún momento tendrá que discutir esas cuestiones con madurez política.

Eso puede significar que algunos tengan que ceder. Que otros deban esperar. Que determinadas posiciones personales tengan que quedar en segundo plano.

No necesariamente para resignar un proyecto, sino para encontrar una forma de construir uno más amplio.

La unidad partidaria de mayo fue un comienzo. Ahora habrá que ver si esa unidad funciona cuando llegue la hora de tomar decisiones difíciles.

El verdadero desafío

Hoy la UCR del Partido de La Costa tiene comité, concejales, dirigentes con experiencia y una generación joven que empieza a ocupar lugares.

Tiene también algo que todo espacio opositor necesita: la posibilidad de discutir públicamente qué modelo de municipio quiere para los próximos años.

Pero todavía falta lo principal.

Que todo eso se transforme en una propuesta reconocible para el vecino.

Porque una elección ejecutiva no se gana solamente demostrando que el otro se equivocó.

Hay que conseguir que el vecino vea quién puede reemplazarlo, con qué equipo y para hacer qué.

Ese es el verdadero desafío que tiene por delante el radicalismo costero.

Quedan 388 días.

Puede parecer mucho desde hoy.

Para construir una candidatura a intendente, formar equipos, elaborar un programa de gobierno, recorrer el distrito y lograr que una propuesta llegue a cada localidad, el calendario empieza a correr bastante más rápido.

La oportunidad existe.

La cuestión ahora es si la UCR consigue transformar la unidad del comité en algo más grande: un proyecto político capaz de convencer al vecino de que, además de marcar los problemas, tiene una respuesta concreta para gobernar.