Editorial realizada por el Dr. Leandro Alonso

Hablar de otra muerte en el fútbol ya resulta simbólico; con cada familia que pierde un afecto va muriendo el fútbol mismo.
Que obviamente, pese a la impericia, negligencia y corrupción de dirigentes, funcionarios, árbitros, policías y hasta jugadores, vuelve a resucitar por la Pasión de un Pueblo que necesita alegrías. Pero se hace todo para darle lo contrario.
Claro que la muerte nunca es de un encumbrado dirigente o un alto funcionario; siempre del Pueblo, de tipos comunes, de esos hombres y mujeres cansados de cargar bolsas, darle con la pala, pasar horas en oficinas lúgubres, ir como ganado en el transporte público, y que en tan duros momentos sacan una sonrisa cuando piensan en volver a casa con la familia, o ir el domingo a la cancha. O mejor, ir a la cancha con la familia; con padres, hijos, nietos. Como César Regueiro.
Me tocó estar una fría noche de 1983, cuando la policía parecía divertirse haciendo llover gases lacrimógenos sobre la vicera. También la tarde que murió el pibe Scaserra. Pensé que esa locura jamás podía repetise. Que equivocado.
Pasé por corridas, palazos, piedrazos, embestidas de la montada, pésimos tratos. Siempre con mi viejo, especialista en protegerme y salir indemne de las peores situaciones. Décadas de experiencia. Ni les cuento yendo a ver al Porve; quienes frecuentan el ascenso saben bien de que hablo.
Ya no alcanza con la horrible pero acertada medida de prohibir los visitantes. Con problemas de infraestructura y negligencia permanente en los operativos de seguridad, no me imagino otra forma para que el hincha común aunque sea pueda intentar ir de local. Recuerdo a mi viejo irse un lunes a la Comisaría de Avellaneda para pedir por favor un policía en el puente ferroviario para evitar los piedrazos de la hinchada visitante. Ni de eso se daban cuenta.
Sigo amando al Futbol. Sigo siendo de los que no arranca hasta ver cómo patea un pibe en un potrero, aunque llegue tarde al Banco. Pero cuesta. Cuesta creer en dirigentes, en árbitros. Cuesta creer que ir a la cancha es ir a ver un espectáculo. Cuesta creer que no habrá otras muertes.
Mis condolencias a la familia. A todo el pueblo tripero. A todos los que aman al fútbol.
Leandro M. Alonso

