Durante el primer semestre de 2025, la Fundación Mundo Marino asistió a 222 ejemplares heridos, desnutridos o atrapados en plásticos. El aumento de rescates expone la creciente presión humana sobre los ecosistemas costeros y la urgencia de asumir una verdadera responsabilidad ambiental.

Tortuga rescatada en área de agua dulce es asistida en la Fundación Temakén (Lucha Musante)
En apenas seis meses, 222 animales marinos fueron rescatados en distintos puntos de la costa bonaerense por equipos de la Fundación Mundo Marino. Detrás de cada número hay una historia de supervivencia, pero también un reflejo del impacto humano en el océano: basura, plásticos, redes de pesca y falta de alimento están dejando huellas profundas en la vida marina.
Heridas que revelan una realidad invisible
Los mamíferos marinos, que representan el 45% de los rescates, son los más afectados. Lobos marinos con cortes abiertos, infecciones y cuadros de desnutrición extrema llegan cada semana al centro de rehabilitación de San Clemente del Tuyú.
“Casi siempre, las lesiones que vemos están directamente relacionadas con el accionar humano sobre el entorno”, explicó Sergio Rodríguez Heredia, biólogo responsable del centro de rescate de la Fundación Mundo Marino.
El investigador también remarcó la gravedad del impacto de las redes de pesca artesanal en especies vulnerables. “La primera es la muerte incidental de delfines franciscana en redes de pesca artesanales a lo largo de toda la provincia de Buenos Aires. Esto deriva en que muchos animales aparecen en la costa con signos de enredo y con signos de lastimaduras de enredes”, puntualizó Rodríguez.
Las tortugas marinas viven una situación crítica: de 45 ejemplares asistidos, solo seis sobrevivieron. La mayoría fue hallada sin vida, víctima del contacto con plásticos, anzuelos o deshidratación. Una de ellas, una hembra juvenil, fue encontrada con una bolsa enredada en el pico. Tras semanas de cuidados, volvió al mar. Su historia es una excepción dentro de un panorama desolador.
Contaminación, hambre y ausencia de control
“El número de rescates crece porque los animales ya no encuentran las condiciones necesarias para sobrevivir. Hay menos alimento disponible y más contaminación”, explicó Sergio Rodríguez Heredia, biólogo y responsable del centro de rescate.
El aumento de la actividad humana —embarcaciones, residuos, redes artesanales— está alterando la dinámica natural de las especies. Se han registrado incluso delfines franciscana y tortugas con signos de enredo o golpes de hélices.
Cuando el rescate se vuelve una red de solidaridad
El trabajo de conservación no se sostiene solo. Fundación Mundo Marino, Temaikén, Prefectura Naval Argentina y municipios costeros integran una red que actúa cada vez que un animal aparece herido o varado.
“Cada rescate es una carrera contra el tiempo. No solo se trata de curar, sino de dar una segunda oportunidad”, contó Lina Zabala, coordinadora de rescate animal de Temaikén.
Veterinarios, voluntarios y estudiantes se turnan para acompañar procesos de recuperación que pueden durar meses. El objetivo es siempre el mismo: que el animal vuelva al mar en condiciones de sobrevivir por sí solo.

Pequeñas acciones, grandes consecuencias
Las organizaciones coinciden en que la educación ambiental es la clave. Mantener distancia con los animales, no arrojar basura en la costa y evitar la presencia de perros sueltos son medidas simples, pero decisivas.
“El descanso en la arena es parte del ciclo natural de muchos animales. Interferir, aunque sea con buena intención, puede debilitarlos”, advirtió Rodríguez Heredia.
Un llamado que no admite demora
Los 222 rescates del primer semestre no son solo un dato: son una señal de alarma. El mar está pidiendo auxilio, y la respuesta depende de cada uno de nosotros.
Cuidar la fauna marina no es una tarea exclusiva de especialistas, sino un acto de responsabilidad colectiva. Porque cada bolsa que no llega al agua, cada residuo que se evita, es una vida menos en peligro.
La conservación, más que una consigna ambiental, es una deuda ética con el planeta que habitamos.

La educación ambiental y la prevención son esenciales para disminuir riesgos a la fauna marina (Fundación Mundo Marino)

